Se había quedado calva de tanto amar. Además, el brazo lo perdió entre juegos, apuestas y abrazos. Lo jugó al mejor postor. Y lo ganó un estudiante vienés que estaba allí de paso. Así que, ella aquí, el brazo en Viena, y el amante enamorando parisinas en un parque con estanque y patos en pleno sur de la meseta. (que podía perfectamente pertenecer al marqués de Móstoles).
Así las cosas, ella decidió esperar a que le volviera a crecer el brazo para poder dedicarse de nuevo a batir huevos a punto de nieve y colocarse la peluca llena de pólvora y espuma de claras en su punto de sal. Por fin pudo volver a salir a las calles a enamorar jovenzuelos sedientos de nuevos brazos de madera. Era marzo, casi primavera, Mercurio cambiante sollozaba desesperada mientras Acuario soñaba alto, alto, tan alto que se lastimó la cabeza con un tejado en forma de cúpula y fue a caer a sus brazos. Suerte que ya la habían crecido. La historia acabó con perdices desplumadas, revoloteando, perdices al fin y al cabo. Muertas de amor, ya no hizo falta matarlas para celebrar la pasión. U os y otros fornicaban aquí y allá. En realidad eran solo él y ella, que tras infinitas posturas, lamentos, gemidos y cánticos profanos, habían inundado la plaza de deseo. Y se habían multiplicado siendo tan sólo dos. Ese día se pudo afirmar que era el triunfo de los sueños sobre las cúpulas, en las cópulas, sobre las copas (de los árboles). Con perdices calvas vestidas para la ocasión. Desde entonces el amor se celebra con perdices desplumadas y parejas desnortadas. Hágase el amor. Y se hizo sexo, lluvia de nieve y perdición. Y todos fueron a perderse en la lujuria de brazos desencadenados, cabezas calvas y torsos de plástico. A todos les supo tan bien el amor que crearon y procrearon aún de luto por las perdices calvas. Qué momento. Cuánta devoción. Allí se fundó el día de las mujeres lamedoras de brazos y de los hombres masticadores de orejas. Nadie tenía pelo, todos lo habían perdido de tanto frotarse unos contra otros. Pero fueron dos en el origen, los que se amaron sembrando la pasión de los brazos calvos, de los labios rojos y los cuerpos mansos. Haciendo el amor se volvieron mansos y pudieron volver a amarse como antes y como siempre. Con bocadillos de queso con caricias de caramelo. Impusieron así una fecha que se señala en el calendario de los brazos. Desfechada y despechada. Amor por todo lo alto. Ámame con o sin brazos. Soy tuya desde la cabeza hasta las plumas.
segunda-feira, 9 de março de 2015
El triunfo de los sueños sobre las cúpulas (calvas)
Subscrever:
Enviar feedback (Atom)

Sem comentários:
Enviar um comentário