segunda-feira, 5 de setembro de 2016

Los jirones de memoria ocupan todo tu ser y hay un único camino: inventario emocional.

(inventario)

Territorios rescatados al olvido (inventario)

Aquel bar en un cruce de calles abierto de madrugada, insólitamente festivo en una noche avanzada, ya madrugada. Gente que busca otra gente.

Aquel autobús de la periferia que recorre barrios si nombre. Aquella tienda de pinturas solitaria, una casita blanca con tejado de cuento en medio de un cruce de carreteras.

Aquella gasolinera fantasma con un cartel recortado y al fondo la luna.

Aquel café con leche (galão) junto a una velhinha del barrio.

(...)

En construcción, memorias en construcción

Destilando
la ausencia de la culpa,
La angustia de la lágrima

Descifrando
el tiempo del vacío

polvo
luz
nada

Transparente, el hueco del silencio crece en el vacío. La casa de los sonidos mudos, la pared, ausencia de cipreses. Las ventanas, la luz, enorme, desvela los agujeros de la culpa. La tristeza como latido espeso en la garganta.

Recorres la casa y tu propia pisada como un eco. Los pies descalzos, antes pezuñas, en la tarima. Agudizas el oído, nada. Vuelves a escuchar. Silencio. Cae la ropa en la habitación y quitas lo blanco sobre lo negro, hoy tesoro, ayer detestado. La casa vacía, pero ya no reconoces tus pisadas. Habla.

El llanto amenaza de la sordera al ruido

De vuelta a casa
(si es que volver se puede)
un llanto mudo
(siendo la misma)