Extraño es lo nuestro. Lo normal sería lo otro.
Extraño es nuestro reducto existencial, lleno de humos de autos, que caminan a zancadas estrepitosas, desesperados entre el gentío, gimiendo bocinazos, cobardes, deseando oler el mar.
quarta-feira, 28 de abril de 2010
Hambrienta de mar (combate)
Sal al combate, levanta la vista, no mires hacia bajo, nunca, bajo ninguna premisa, siempre el mentón desafiante señalando algún lugar en las nubes, hacia el lugar al que irás, donde tu deseo te conduzca, allá donde levantarás tu castillo (sí, en el aire). Pon y dispón de tu coraza hecha huesos, carne, piel, mandíbula, diente, sangre.
Levanta la mirada hacia el frente, donde un horizonte te espera, allá hacia donde caminas. Una línea, la cual, según te acercas se aleja (así son los horizontes, esquivos).
Señala con tu mandíbula el lugar al que perteneces, en lo alto, sobre las copas de los árboles que por ti se inmolan, perezosos, altivos como cuellos de jirafa, sedosos, llorones como los sauces.
Enfila con tus pestañas el azul (más que nunca) de un dolor que se eleva en el aire, que sobrevuela calamidades absurdas, cotidianeidades, promesas, insustancialidades, cánticos, sueños moribundos, sonidos guturales. Más cánticos.
Sal al combate desnuda, sin guantes, sólo con lo puesto en tu conciencia, mirando de frente, altiva como los sauces, llorona como las jirafas, transparente como los cánticos, gutural como los ladridos, lejana como los horizontes.
Y llora, por fin, harta de heridas, hambrienta de mar.
Respira ¿Primavera, al fin?
Levanta la mirada hacia el frente, donde un horizonte te espera, allá hacia donde caminas. Una línea, la cual, según te acercas se aleja (así son los horizontes, esquivos).
Señala con tu mandíbula el lugar al que perteneces, en lo alto, sobre las copas de los árboles que por ti se inmolan, perezosos, altivos como cuellos de jirafa, sedosos, llorones como los sauces.
Enfila con tus pestañas el azul (más que nunca) de un dolor que se eleva en el aire, que sobrevuela calamidades absurdas, cotidianeidades, promesas, insustancialidades, cánticos, sueños moribundos, sonidos guturales. Más cánticos.
Sal al combate desnuda, sin guantes, sólo con lo puesto en tu conciencia, mirando de frente, altiva como los sauces, llorona como las jirafas, transparente como los cánticos, gutural como los ladridos, lejana como los horizontes.
Y llora, por fin, harta de heridas, hambrienta de mar.
Respira ¿Primavera, al fin?
domingo, 4 de abril de 2010
A deshora
Soy la que recorre peluquerías olvidadas con pelos de alambre subiendo las enredaderas, secas. Soy la que olvida el billete junto a las vías del tren, la que canta bajo el techo de un quiosco casi en ruinas, sediento de orines. La que cruza puentes, sueña montañas y merienda cada noche un plátano con un trozo de pan caliente, la merienda de los niños sin fe. La que dibuja fotografías con troncos y rostros, la que bebe en las palmas de las manos de muchas fuentes, de todas, hasta que se agota. La fuente nunca deja de brotar. La que busca el agua del río para nadar a deshora, la que aspira el mar sobre la bruma del asfalto,la que asalta bancos de madera y rotulador, la que dibuja puntos de sombra con los ojos cerrados.
La hora del lobo
A la hora del lobo, mientras duerrmo, me rodeo de todos mis fantasmas, los pongo en fila y los numero, que no me falte ninguno. Sentiría una enorme vacío sin ellos, cada noche. Por eso me despierto a la hora del lobo, la peor del día, y me rodeo de todos mis fantasmas, llamándolos, uno a uno, por su nombre. Conozco hasta el sonido de sus pisadas, incluso el tono de su aliento en mi cogote. No necesito abrir los ojos para hacer recuento de fantasmas. A la hora del lobo.
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