He vuelto a los paisajes de mi infancia. Secos, amarillos, sembrados de encinas bien ancladas a la tierra arcillosa, al pedregal, al secano. Vegas de chopos verdes y campos segados de oro brillante, girasoles altivos en el camino de ida y cabizbajos a la vuelta, avivando los campos de paja. Ermita de la Soledad donde quiera que vayas, calle Hospital, Estepa, Molino, iglesias de piedra amarillenta, caliza, de hornacinas vacías y de culto escaso.
El placer de la lectura y el encuentro con Viaje a la Alcarria.
sábado, 20 de agosto de 2016
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