segunda-feira, 5 de setembro de 2016

Recorres la casa y tu propia pisada como un eco. Los pies descalzos, antes pezuñas, en la tarima. Agudizas el oído, nada. Vuelves a escuchar. Silencio. Cae la ropa en la habitación y quitas lo blanco sobre lo negro, hoy tesoro, ayer detestado. La casa vacía, pero ya no reconoces tus pisadas. Habla.

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