Sofocante recuerdo
De la ciudad idolatrada
Fuimos uña y carne
Yo te recorría
Despacio
Vértebra a vertebra
Piedra a piedra
Paraba en el mercadillo de libros
De Cais de Sodré
Salía con un Cesáreo Verde bajo el brazo
Subía la Rua do Alecrim como quien asciende al templo de una montaña
Al final esperaba Camões, tierra prometida
Tiraba por la rua que lleva a todos los lugares: plaza, iglesia, bar, Etílico
Y en la plaza de Príncipe Real me recreaba
Asomada por una rendija de la casa fastuosa
Veía el mar, qué digo, el río
Y me dejaba llevar por el sonido de los coches rodando sobre adoquines
Que era el del mar
El mismo que atronaba en la azotea
Del edificio de piedra de Belêm
Oteaba horizontes escondidos en cualquier patio
Inconclusas esquinas que llevaban a pórticos desvencijados de gloria
Habitaba cada rincón
La rua da Rosa en su estrechez
Los vasos de cafe con leche
En la rua do Chafariz
Perdí la costumbre de asomarme a algunos balcones
Prefería rodar calle abajo sobre las copas de los árboles
Leía las Novelas Exemplares en el parque de mañana
Sorbía limonadas
Comía sandes de jamón y queso
Apuraba la ciudad
Y sus resquicios
Repiqueteaba el sonido del tranvía
Tomaba trenes hacia el horizonte
El aire atlántico secaba mis cabellos cada mañana
La ciudad blanca me acogía, incólume
Sucia, desvastada, inclinada al vacío de las colinas.
Me rendía vencida en la Avenida da Liberdade
Mis pies me llevaban al Cais de las Columnas
Allí adivinaba luces en Cacilhas
El 25 de Abril se lanzaba sobre el mar
Desafiando precipicios.
Allí ya el salitre te recordaba
"Estás hecha de mar".
Y por la noche regresabas a aquel barrio obrero
que te acogía generoso
Donde casi cada tarde salías a comprar frango en la Churrasqueira Central
Y pisabas adoquines
Y encargabas una edición de Réquiem en la librería Azul.
Donde una cucaracha gigante y alada
No te dejó pegar ojo en toda una noche
De terrores hechos materia.
Y salías rumbo a Cascais
Y el tren te llevaba siempre a los lugares que tú querías recorrer.
"El río nunca dice que no al hombre".

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