domingo, 4 de abril de 2010
La hora del lobo
A la hora del lobo, mientras duerrmo, me rodeo de todos mis fantasmas, los pongo en fila y los numero, que no me falte ninguno. Sentiría una enorme vacío sin ellos, cada noche. Por eso me despierto a la hora del lobo, la peor del día, y me rodeo de todos mis fantasmas, llamándolos, uno a uno, por su nombre. Conozco hasta el sonido de sus pisadas, incluso el tono de su aliento en mi cogote. No necesito abrir los ojos para hacer recuento de fantasmas. A la hora del lobo.
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